Al igual que Abel Pacheco (que si lo logró) Rolando Araya, Toño Álvarez y Otto Guevara, aprovechándose de micro programas en televisión, dieron a conocer pensamientos y divulgaron su imagen. El interés final era lanzarse a la contienda electoral peleándose el lugar en las convenciones para elegir el candidato a la presidencia.Ahora, el abogado Juan Diego Castro, conocido por bochinchero anda siguiendo la misma ruta que los políticos
mencionados, es decir descubrió "el agua tibia” y tiene su propio programita en la televisión, apoyado por quienes apuestan al oportunismo y manipulación de un público al cual se le dice lo que quiere oír y no como son las cosas.
El abogado Castro en sus tiempos de fanático liberacionista fue Ministro de Seguridad (cargo que tuvo que dejar por tortero) y Ministro de Justicia (de una labor muy gris), es uno de los principales “opinólogos” del país que nunca han pasado de la crítica a las obras y por lo tanto se van en blanco.
Debido a su facilidad de palabra los medios le ponen los micrófonos y de una vez Castro comienza a tener sus orgasmos mentales. Cree que sabe de todo, a todo el mundo le dice que está malo y cómo se debe arreglar, no le faltan sus “recetas mágicas”, además de su lenguaje muchas veces prepotente y agresivo, propio del gran "capo".
El perfil de Castro lo hace un personaje con características histriónicas (según la ciencia: “…el trastorno histriónico de la personalidad se caracteriza por una emotividad generalizada y excesiva y un comportamiento de búsqueda de atención por parte de los que están alrededor") y además demagogo profesional (se define como demagogo: "a la persona que manipula los sentimientos de la gente, especialmente mediante halagos fáciles y promesas infundadas, para convencerla de la conveniencia de aceptar un programa político") que con sus discursos logra la atención de algunos sectores proclives a los discursos de este tipo de políticos.
Sin duda que Castro no tiene ni un pelo de tonto y que a río revuelto, en la de menos algo pega, mínimo de diputado. Estos son momentos donde la Alianza no se aclara en términos de futuro y los pericos tampoco, es decir, las posibilidades están abiertas aunque haya pretendientes y aspirantes de cualquier tipo.
Los mandagüevenses permaneceremos atentos a ver cómo se dan los garrotazos políticos con este nuevo garroteador.








