
Manda Güevo, con estos intentos de partidos que surgen con los mismos carrebarros de los partidos de los que se quejan, haciendo las mismas chanchadas que hicieron en aquellos por las cuales tuvieron que jalar y que ahora vienen a rasgarse las vestiduras
Primero, fue el despiche de la serruchada de piso a la diputación de su propia vicepresidenta Gabriela Chavarría para poner al psicópata de Mariano Figueres en la provincia de Cartago, que la propia Gabriela Chavarria denuncia en un video al decir “políticos de malas mañas quisieron llegar a apoderarse de ese partido y darle el manejo que hasta el momento se le ha dado”.
Segundo, el desorden en la elección de los candidatos a diputados, donde casi nadie llego, no se contaron los delegados presentes y se repartieron papeletas a lo loco, donde nadie controlaba si ya habían votado o no, según cuenta Leda Goyenaga en la Prensa Libre.
Tercero, el resultado de su primera asamblea nacional casi termina con el pseudo partido, Rolando Araya no pudo tirarle línea a Lisbeth Quesada a la que le ganaron los sindicalistas que se adueñaron del partido y en un berrinche casi jala del partido renunciando a su candidatura.
¿Cuántas veces tiene que tirarse alguien a presidente y perder, para darse cuenta que nadie lo quiere, ni su propio partido?
Primero, fue el despiche de la serruchada de piso a la diputación de su propia vicepresidenta Gabriela Chavarría para poner al psicópata de Mariano Figueres en la provincia de Cartago, que la propia Gabriela Chavarria denuncia en un video al decir “políticos de malas mañas quisieron llegar a apoderarse de ese partido y darle el manejo que hasta el momento se le ha dado”.
Segundo, el desorden en la elección de los candidatos a diputados, donde casi nadie llego, no se contaron los delegados presentes y se repartieron papeletas a lo loco, donde nadie controlaba si ya habían votado o no, según cuenta Leda Goyenaga en la Prensa Libre.
Tercero, el resultado de su primera asamblea nacional casi termina con el pseudo partido, Rolando Araya no pudo tirarle línea a Lisbeth Quesada a la que le ganaron los sindicalistas que se adueñaron del partido y en un berrinche casi jala del partido renunciando a su candidatura.
¿Cuántas veces tiene que tirarse alguien a presidente y perder, para darse cuenta que nadie lo quiere, ni su propio partido?






